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Hackers éticos del ADN

Los últimos 50 años se han visto revolucionados por las tecnologías del silicio. Durante los 50 que se avecinan la revolución probablemente vendrá de las tecnologías genéticas, pero ¿quedarán en manos de unas cuantas corporaciones y laboratorios o será, como la revolución computacional, una obra abierta a todos?

Esa es la pregunta que se hace el físico Freeman Dyson quien, aunque nunca ganó un premio Nobel (injustamente, según afirman otros ganadores del galardón), ha tenido otros honores: su apellido está ligado a una de las estructuras más energéticamente eficientes de la ciencia ficción, la Esfera de Dyson, y su nombre inspiró a uno de los personajes clásicos de los videojuegos, Gordon Freeman de la serie Half-Life.

Entre las múltiples profecías científicas del científico británico se cuentan las descritas en su libro "El Sol, el Genoma e Internet", donde Freeman describe una era en que la tecnología verde hace que la vida rural vuelva a tener sentido y, al llegar a manos de todos, termine con el aislamiento intelectual y económico de las poblaciones rurales.

"Habrá kits de 'hágalo usted mismo' para jardineros, que usarán la ingeniería genética para crear nuevas variedades de rosas y orquídeas. También habrá kits para los amantes de las palomas y los pericos y las lagartijas y las serpientes. Los criadores de perros y gatos tendrán sus kits también. Diseñar genomas será algo personal, una forma de arte tan creativa como la pintura o la escultura", afirma.

Viniendo de un científico que alguna vez proyectó construir una esfera completa alrededor del Sol para aprovechar mejor su energía, esta visión de la genética de código abierto podría parecer una fantasía inalcanzable, de no ser porque ya se están dando los primeros pasos.

Bio-hackers éticos
La bio-hacker Meredith Patterson, por ejemplo, está desarrollando bacterias genéticamente alteradas que, incluidas en la fórmula del yogurt, harían que éste despida un brillo verdoso en presencia de agentes tóxicos como la melamina que recientemente contaminó a un cargamento de alimentos para bebé de origen chino.

"Fui a MetaCyc (una base de datos navegable de rutas metabólicas) y busqué proteínas que interactuaran con la melamina", explica Patterson. "Encontré una, llamada deaminasa de melamina, que degrada a la melamina. Para usar esta reacción en nuestro detector, necesitamos darle a alguna especie de bacteria la habilidad de producir deaminasa de melamina, lo que se traduce a darle el gen adecuado.

"Para hacer eso, podemos extraer el gen de una especie que ya lo tenga, o podemos hacer que un laboratorio como Integrated DNA Technologies lo haga por nosotros", agrega. "Entonces insertamos el gen en un plásmido, que es una molécula circular de ADN que una bacteria puede absorber para ganar una nueva función".

En principio, sonará complicado, pero Meredith no tiene estudios de formales de biología, ni grandes instalaciones. Aprendió por su cuenta, y afirma que con algo de creatividad, una muestra de ADN y un poco de equipo barato (por ejemplo, popotes y baterías para realizar la electroforesis) cualquiera puede hacer un poco de ingeniería genética. Y cada vez hay más organizaciones dispuestas a poner ese conocimiento al alcance de quien lo solicite, sin cuotas, patentes ni secretos.

La Fundación de la Bioinformática Abierta es una asociación voluntaria no lucrativa enfocada al apoyo de programas de fuente abierta para uso bioinformático. Sus lenguajes de programación como BioPerl, BioJava y BioPython permiten que los programadores computacionales hagan rápidamente software de apoyo para la ingeniería genética.

Yendo un paso más allá, la Fundación Bio-Bricks, proyecto conjunto de MIT, Harvard, y la Universidad de California en San Francisco, busca crear una biblioteca de "ladrillos estándar" de ADN, donde cada "ladrillo" contenga una función biológica básica. En la medida en la que la biblioteca crece, se vuelve cada vez más fácil que un bio-ingeniero cree y programe a un organismo viviente de la misma forma que un científico computacional puede programar a una computadora.

Es precisamente la comparación con la programación computacional la que permite ver tanto las posibilidades como los enormes riesgos que vendrán si cualquiera puede programar el ADN. Por una parte, los virus verdaderos hechos por diseñador podrían volverse más destructivos que los virus de computadora. Por otra parte, curar de las enfermedades más letales podría volverse tan sencillo como correr un programa anti-virus.

El lado oscuro
Una persona determinada puede crear virus mortales con el conocimiento que ya está disponible al público general. Es por eso que agrupaciones como DIYbio (traducible como "biología de 'hágalo usted mismo'") tienen entre sus metas no solamente aumentar el conocimiento y la habilidad de los amateurs en estas tecnologías que ya no pueden detenerse: También buscan dar un código de ética y un liderazgo para la comunidad que practicará la biotecnología desde la comodidad de su hogar.

¿Vale la pena jugar con la genética cuando las apuestas son tan altas? Los expertos afirman que ya todos estamos jugando, lo queramos o no: El conocimiento sobre las técnicas de la biotecnología ya está en un punto en el que la biología molecular puede realizarse en privado y sin supervisión, y la biología sintética va por el mismo camino.

25/05/2009 04:32. Autor: gabo. Enlazate. Tema: D@ta.

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