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La madre de todas las glándulas: Hipófisis

Es más pequeña que un cacahuate,pero su función
hace que todo el organismo del ser humano trabaje a la perfección.La hipófisis es considerada la
madre de todas las glándulas, pues a pesar de medir un centímetro y pesar medio gramo en una persona
adulta, es la encargada de regular la vida, crecimiento y reproducción de los individuos, además, garantiza que éste se adapte al ambiente. Esta glándula también es conocida como pituitaria, luego de que Aristóteles le atribuyera la función de secretar flema, cuya traducción al latín es “pituita”. La hipófisis tiene dos lóbulos: el anterior o adenohipófisis y el posterior o neurohipófisis, que difieren en estructura y función.

El anterior deriva desde el punto de vista embriológico del techo de la faringe; está compuesto por grupos de células glandulares separadas por conductos sanguíneos y cubierta por una cápsula
de colágeno. El posterior deriva de la base del cerebro y está compuesto por tejido nervioso y células neurosecretoras. Entre el lóbulo anterior y posterior de la hipófisis está el lóbulo intermedio, un área apenas desarrollada en los humanos, que tiene el mismo origen embriológico que el lóbulo anterior. Sus funciones son la producción y regularización de las hormonas prolactina, encargada de la producción de leche durante y después del embarazo; la hormona del crecimiento, responsable de la talla del ser humano; y la adrenocorticotropina
(ACTH), que regula las funciones de las glándulas suprarrenales. También las gonadotropinas, que controlan la fertilidad de las personas, y las hormonas estimulantes de la tiroides se producen en la hipófisis.

TUMORES: SU PEOR ENEMIGO
Si se realiza una tomografía a 100 mujeres, entre 15 y 30 seguramente tendrán un tumor en la hipófisis, pero sólo una mínima parte tendrá que preocuparse, pues no dan manifestaciones. Sin embargo, existe la posibilidad de que éstos envíen la señal de alerta de un trastorno. Hay dos tipos de tumores: los microadenomas, que son aquellos que no rebasan de tamaño el espacio en donde se protege la
glándula y generalmente suelen ser inofensivos. El otro tipo son los macroadenomas, que superan en tamaño a la hipófisis y llegan a dañar regiones vecinas como el hipotálamo, los nervios ópticos o hasta el hueso. Además del tamaño, los tumores se dividen en productores de hormonas y no productores o cromófobos, siendo los segundos los más frecuentes. En el caso de los tumores productores, éstos estimulan la glándula para que haya una sobre producción de prolactina (leche), hormona del crecimiento, ACTH (glándulas suprarrenales), gonadotropinas (control de la fertilidad) y hormonas estimulantes de la tiroides. Cuando un tumor es productor de hormona del crecimiento se
dan trastornos como el gigantismo, en el caso de los niños, o la acromegalia, en el caso de los adultos. Si produce ACTH provoca el síndrome de Cushing, que afecta a varios sistemas y órganos. Este mal se caracteriza por una hipersecreción de cortisol; los síntomas son cara redonda y congestiva, acumulación de grasas en el  cuello y nuca, obesidad central; estrías violáceas en abdomen, muslos y mamas; dolor de espalda y ausencia de menstruación. Sin embargo, el más común de los productores es el tumor que da prolactina, que se caracteriza por producción de leche dentro o no del embarazo, así como alteración en los ciclos menstruales. Sin embargo, tener los síntomas no es indicación de que haya tumor, pues éstos son frecuentes por otros trastornos. Al hablar de tumores no productores, que son los más frecuentes de toda la gama, los síntomas se manifiestan dependiendo el área que comprimen: dolor de cabeza, arriba; salida de líquido por nariz (similar al catarro), abajo; circulación carótida, embolia o alteración de la vista, a los lados. Cuando los tumores crecen mucho pueden destruir la hipófisis y el individuo se afecta por deficiencia de hormonas.

El tratamiento ante un tumor es farmacológico sólo cuando se trata de uno productor de prolactina, en el resto de los casos es necesario operar, no sin antes tomaren cuenta su tamaño. Si es microadenoma no se operará, a menos de que sea necesario, pero deberá vigilarse anualmente. En el caso del macroadenoma deberá recibir tratamiento
quirúrgico.

SE CUIDA SOLA

A diferencia de otras partes del cuerpo, la hipófisis no requiere que el individuo la cuide o proteja, pues por su naturaleza, tamaño y localización se cuida sola. La glándula está ubicaba en un espacio óseo llamado “silla turca”,
por su similitud a una silla de montar, en la base del cráneo. En la parte posterior colinda con un área donde se cruzan los nervios de los ojos; a los lados están los senos cavernosos (huecos por donde entra la circulación de las carótidas); y en la parte superior está el
hipotálamo. Comer algún tipo de alimento, practicar ciertos ejercicios o vivir en un lugar específico del mundo no afectan en nada la salud de la hipófisis, pues nada exterior tiene control sobre ella. Los estudios señalan que sólo en el género hay diferencias; las mujeres son más propensas a tener algún trastorno de esta glándula


La Hipófisis
Conoce a detalle esta glándula que regula la vida, crecimiento y reproducción de las personas.
- Mide menos de un centímetro.
- Pesa medio gramo en el adulto
y 150 miligramos en el niño.
- Produce las hormonas prolactina,
del crecimiento, gonadotropinas,
estimulantes de la tiroides
y adrenocorticotropina.
- Regula la vida, crecimiento,
reproducción y adaptación
al ambiente de los individuos.
- Su peor enemigo son los tumores.
- Las mujeres son más propensas
a tener trastornos en esta glándula.

* Con información de Ignacio Rangel
Rodríguez, especialista en medicina interna
y endocrinología y Coordinador
de Medicina Interna de Pregrado
de la Escuela de Medicina
del Tec de Monterrey.

18/04/2009 16:40. Autor: gabo. Enlazate. Tema: D@ta.

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