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Ante la crisis, lo gratis

A partir de que internet se convirtió en una red disponible al público en general, innumerables servicios y aplicaciones han encontrado en ella el medio ideal para conducir sus negocios. La burbuja de las .com de finales de los años 90 y principios de esta década dejó varias enseñanzas, no solamente en cuestión bursátil, también vino a demostrar que era perfectamente posible poderle vender algo a alguien ubicado en otro país o en otro continente. Sin importar en dónde se encuentre una persona y en dónde se encuentre alojada la página web de un determinado servicio, el uso de medios de pago como tarjetas de débito y crédito vuelven perfectamente posible la realización de una transacción comercial y el envío del artículo adquirido mediante algún servicio de mensajería o inclusive el mismo correo postal. A final de cuentas es solamente una variante de un modelo de negocio probado desde mucho tiempo atrás: las ventas por catálogo.

Sin embargo, no todo lo que se puede comprar en internet tiene una forma física que requiera ser trasladada de un lugar a otro. Mucho de lo que se puede adquirir son productos o servicios "intangibles" o bien información en medios electrónicos. Es decir, si bien hay alternativas para adquirir a través de internet un par de zapatos que nos serán enviados directamente a nuestro domicilio en cuestión de unos días, también es posible adquirir software que podemos descargar directamente a nuestra computadora, sin necesidad de esperar a que nos sea enviado en un medio físico, como un CD-ROM o un DVD. Muchas de las principales empresas desarrolladoras de software a nivel mundial ya ofrecen algunas alternativas para la venta en línea de sus aplicaciones y que el mismo usuario descargue el software directamente a su computadora. Esto ha venido a cambiar radicalmente la distribución de software, evitando que el fabricante tenga que poner su aplicación en una caja y distribuirla a algún punto de venta para que el usuario pueda comprarlo.

Para países como México la distribución electrónica de software vino a compensar el hecho de que al no ser considerado un mercado demasiado importante, conseguir software en caja en nuestro País fue durante años una misión casi imposible. Había que ubicar un distribuidor que pudiera importar el software, pagarle por adelantado y si tocaba la de malas que el embarque se quedaba detenido en la aduana, bueno, ya se podrá imaginar usted, estimado lector.

Afortunadamente, la transferencia de archivos de un punto a otro del planeta a través de internet es algo rutinario gracias a que la creciente velocidad de las conexiones de banda ancha vuelve sencillo transferir de un punto a otro archivos grandes. Hasta hace no mucho tiempo, descargar un archivo de 100 MB hubiera tomado muchas horas, hoy en día con una conexión de banda ancha básica de 1 Mbps o un poco más, toma apenas unos 15 minutos. Cuando tengamos disponibles en México conexiones de 10 ó 20 Mbps a precios accesibles al estilo de lo que se puede encontrar ya en algunos países de Europa y Asia, la descarga de archivos de gran tamaño se podrá medir en segundos.

Ahora bien, ya tenemos la posibilidad de descargar y en su caso comprar software a través de internet, pero eso implica riesgos de seguridad para nuestras computadoras y la información que contienen. Instalar una aplicación de la que desconocemos su origen es una de las formas más sencillas de introducir virus y malware en general a una computadora. Sin embargo, eso no es todo, por regla general, cualquier programa que se instale en una computadora realiza cambios en su estructura de archivos, copia archivos nuevos, mueve información de un lado a otro y particularmente en los sistemas operativos Windows, puede llegar a modificar archivos utilizados por el propio sistema operativo.

Aun cuando todo resulte bien, la constante instalación y desinstalación de software es una de las principales razones que contribuyen a deteriorar el desempeño de una computadora, ya que es práctica común que la desinstalación de un software no remueva algunos componentes. Un ejemplo de esto es la información de licenciamiento, que normalmente permanece en una computadora aún después de haber removido el software en cuestión.

Para lidiar un poco con este problema, han surgido algunas aplicaciones que funcionan como "asistentes" para la desinstalación de software o bien que buscan vestigios de aplicaciones previamente instaladas con la finalidad de eliminarlos. En Windows, algunas de las más reconocidas aplicaciones que cubren este trabajo son el Norton CleanSweep, ahora integrado en las suites Norton SystemWorks (www.symantec.com/norton/ systemworks) o bien el McAfee QuickClean, ahora integrado en todas las suites de este fabricante a partir de la McAfee VirusScan Plus (us.mcafee.com/root/package.asp?pkgid=276).

En Macintosh, la desinstalación de aplicaciones se limita a arrastrar la aplicación en cuestión al bote de basura, pero al igual que en Windows, eso no elimina todos los componentes que una aplicación pudo haber instalado, por lo que el uso de herramientas como AppDelete (reggie.ashworth.googlepages.com/appdelete), AppZapper (www.appzapper.com) o AppCleaner (www.freemacsoft.net/AppCleaner) contribuyen a mantener una Mac libre de "archivos basura" dejados por aplicaciones desinstaladas.

Ahora bien, es un hecho que la internet representa un mar de oportunidades para poder localizar muy buen software a precios razonables o gratis, ya sea porque se trata de aplicaciones freeware o bien porque son de código abierto.

Como ejemplos de excelentes aplicaciones que no le representarán ningún gasto tenemos la suite OpenOffice (www.openoffice.org) que recientemente llegó a la versión 3 y que por primera vez ofrece una versión nativa para Mac OS X. GIMP (www.gimp.org) ofrece muchas de las características de Adobe Photoshop, incluyendo el retoque de imágenes, el procesamiento por lotes (batch processing) y la conversión de imágenes de un formato a otro. KompoZer (kompozer.net) es una aplicación para el diseño de páginas web, que si bien no es tan completa como el Adobe Dreamweaver, es muy ligera en cuanto a sus requerimientos de memoria y es muy sencilla de utilizar. InkScape (www.inkscape.org) es un editor de gráficos vectoriales con algunas características avanzadas que rivalizan con el Adobe Illustrator.

Scribus (www.scribus.net) es una aplicación enfocada al diseño editorial que permite la creación de documentos de forma similar a lo que ofrecen aplicaciones como QuarkXPress o Adobe InDesign, con características como manejo de paleta de colores en CMYK y la posibilidad de crear documentos en formato PDF.

Como verá, estimado lector, la distribución electrónica de software vino a revolucionar la industria, pero como todo, sea precavido al descargar aplicaciones y desconfíe de todo aquello que parezca demasiado bueno para ser verdad, generalmente lo es.

 
El autor es ingeniero en Electrónica, especialista en Macintosh y TI, además de fanático del cine

aUTOR-Armando Sobrino
macarsol@gmail.com

11/12/2008 12:43. Autor: gabo. Enlazate. Tema: Periodiko.

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