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¡Mi hijo tiene déficit de atención! ¿Qué hago?


"Papá, me reprobaron de año". Quinto de primaria. Recuerdo ese día como pesadilla. Era la culminación de mi desastre como estudiante. Siempre arrastré comprensión de lectura, matemáticas, historia y otras más. Con frecuencia me pasaban al frente del salón, para mostrar el ejemplo de lo que no se debía hacer. Yo no quería ser yo. No entendía por qué todo lo relacionado con lo académico me costaba más trabajo que al resto del grupo. Nadie conocía lo que ahora sabemos que existe: El TDA (Trastorno por déficit de atención) y TDA/H cuando viene acompañado por hiperactividad. Este padecimiento no es fácil de detectar o diagnosticar, así como sería un brazo roto o un dolor de garganta. No sale en ninguna radiografía, pero es un padecimiento que duele y mucho.

Leer ¡Mi hijo tiene Déficit de Atención! ¿Y ahora qué hago?, de Cecilia Walter, me provocó un gran alivio. Alivio al saber que, en su libro, podemos reconocer los síntomas que nos alertan y nos llevan a detectarlo a tiempo, enterarnos de todos los remedios que el padecimiento tiene sin necesidad de recurrir siempre a la medicación, y que, junto con el sistema de educación adecuado, los niños con TDA o TDA/H salen adelante y más fortalecidos.

En mi caso, ahora comprendo por qué me cuesta tanto trabajo, desde siempre, concentrarme en lo que hago. Y conservar la atención durante un buen lapso es todo un reto que pocas veces cumplo. Este problema les sucede a muchos niños y jóvenes hoy en día.

Asimismo, comprendí por qué se me dificulta organizar tareas y actividades. Pierdo las cosas con facilidad. Soy olvidadiza. De niña, me provocaba gran frustración saber que había hecho la tarea no sin regaños de mi mamá y borrones en la página del cuaderno hasta provocar un agujero y... ¡oh no!, la olvidé en casa. La maestra ya no me creía.

Hasta ese quinto de primaria, mi autoestima era un desastre. Sin embargo, me percato de dos cosas que viví en la amarga experiencia -y que me entero en el libro de Ceci que son vitales para que este tipo de niños puedan salir adelante-, y las agradezco enormemente:
 
1. El apoyo incondicional de mis papás a pesar de todo -regaños, castigos y pésimas calificaciones-. Cuando le entregué a mi papá la boleta con el letrero en rojo de "reprobada", esperaba una fuerte regañiza. En cambio, lo que me dijo significó un parteaguas en mi vida: "M´ija, tú naciste con estrella. Puedes sacar adelante esto y más. En la vida, lo importante no son las calificaciones, es tener otras habilidades y hacer nuestro mejor esfuerzo en lo que emprendas".

Sentí que en la frente me pegaba una estrella de palabras que establecían el compromiso de no defraudarlo. ¡Qué razón tiene Ceci al decir "Como percibamos a nuestros hijos será la manera en que ellos se vean a sí mismos".

2. El apoyo de una maravillosa maestra, Miss Elena, de mi "segundo" quinto año, que me dio un voto de confianza y logró que yo empezara a creer en mí y convencerme de que sí podía salir del atolladero.

En verdad, invito a todos los papás a que lo lean. Simplemente para descartar la posibilidad de que alguno de sus hijos lo padezca. En el camino van a aprender mucho sobre alimentación, tipos de personalidad, diferentes esquemas de pensamiento, alergias y hasta disciplina.

Si al final descubren que sus hijos no tienen TDA, después de dar saltos de alegría y gracias a Dios, también habrán ganado mucho en conocimientos.

Y si descubren que su hijo puede tener un grado de TDA o TDA/H, todos se van a ahorrar un gran camino de dolor y encontrarán que hay otros llenos de esperanza.

Autora-Gaby Vargas
genioyfigura@gabyvargas.com

02/12/2008 16:15. Autor: gabo. Enlazate. Tema: Periodiko.

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