ReSeT yOuR mInD
Software-News-Anime & More

¡Terror a la intimidad!


Qué delicia es tener el privilegio de estar íntimamente con alguien. De poder ser quien eres, de mostrarte tal cual, de hablar sin temor a ser juzgados y de entregarse mutuamente en todos los sentidos. La intimidad a la que me refiero no sólo tiene que ver con sexualidad; aunque es parte importante de ella, no son sinónimos.

Sin la intimidad, no podemos ser felices. Piénsalo. ¿Quiénes son las personas más felices que conoces? ¿Has notado cómo su mirada tiene un brillo muy especial? Ellas no sólo tienen una relación sexual plena, tienen intimidad. Permiten que alguien entre a su corazón, mente, cuerpo y espíritu sin pasar por aduana alguna.

Lo curioso es que, si bien anhelamos la intimidad, también la evitamos. La deseamos, pero le escapamos. La necesitamos, pero le tememos. ¿Por qué? Por miedo. Miedo a revelar quiénes somos.

¿Qué tal que no me quieran como soy? Porque intimar es compartir nuestros secretos, sentimientos, inseguridades, mostrar el alma tal cual es; quitarnos la máscara y abrirnos a lo que soñamos, y a lo que nos inspira. Y... eso, ¡nos da terror!

 
 
Ironías de la vida
 
 
Es absurdo ¿no? Quiero ser amado/a, pero el miedo a que me rechacen hace que prefiera ser amado/a por ser alguien que no soy, a ser rechazado/a por ser quien sí soy. Entonces se forma el círculo vicioso perfecto: anhelo la intimidad, huyo de ella, funciono a través de una máscara, me convenzo de que quiero ser libre de ataduras y termino, una vez más, solo/a. ¿Hasta cuándo?

Si me invade el temor y no doy el paso, siempre estará presente esa sensación de soledad en mi vida. Y la soledad existe de muchas formas. La que más nos debilita es la sensación de saber que nadie nos conoce de verdad.

Lo irónico es que la única forma de que alguien se enamore de mí es revelando mi verdadero "yo". Es atreviéndome a ser, a riesgo de la posibilidad de ser rechazado/a. Además, descubrimos con sorpresa que aquello que pensábamos que provocaría que el otro se alejara de mí, resulta que se convierte en razón para que nos amen más.

Al mostrarme más humano/a, vulnerable y con imperfecciones, frente a otro ser que también tiene sus propias limitaciones, me convierto en alguien más ama-ble. No pretendo aparentar que tengo todo bajo control, ni que soy perfecto/a.

Y cuando revelo mi lado flaco, provoco que el otro se sienta más tranquilo y en paz en mi compañía; al mismo tiempo, lo animo para que él o ella baje la guardia también. Además, al compartir mi esencia, me ayuda a entenderme mejor a mí mismo/a.

Como si en la intimidad, el otro me mostrara un espejo que me refleja lo que soy y quien soy. Es ahí donde nace el amor.

Lo que ayuda a conseguir esa anhelada intimidad y conexión es la convivencia, la conversación, las experiencias compartidas, el tiempo juntos, que va deshaciendo capa a capa esa absurda "protección" que nos hace creer que es mejor que nuestro "yo", mejor que nuestra esencia.

Necesitamos tener fe y voluntad para compartir las debilidades con ese alguien. Confiar en nuestro instinto y echarse el clavado. Porque las posesiones materiales nos pueden satisfacer de momento, pero el corazón queda insatisfecho, anhela ese algo profundo que en verdad lo llena.

¿Que es arriesgado? ¡Claro que lo es! Sin embargo, si queremos vivir una vida plena, sentirnos en profunda conexión con alguien y lograr ese brillo especial en la mirada, no hay de otra más que aventurarnos a eliminar el terror a la intimidad.

Porque más arriesga el que no arriesga nada.

 
Autor- Gaby Vargas
genioyfigura@gabyvargas.com

09/07/2008 12:11. Autor: resetyourmind. Enlazate. Tema: Periodiko.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.