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El reto que cambiará tu vida II

Si alguien, hace dos semanas, me hubiera preguntado: "¿Eres una persona que te quejas, criticas o juzgas con frecuencia?", de inmediato hubiera respondido: "¿Yo? No, ¡para nada!".

Sí, cómo no... Me bastó intentarlo durante una semana para darme cuenta de que es todo lo contrario. La respuesta correcta sería: "Sí, soy una persona que me quejo, critico y juzgo, y no me doy cuenta de lo seguido que lo hago".

La semana pasada me comprometí contigo, querido lector, lectora, y te invité a unirnos al reto de 21 días de no criticar, no quejarnos y no juzgar a nadie. Para hacer conciencia, decidí cambiarme el reloj de muñeca cada vez que me percatara de hacerlo, e iniciar nuevamente el conteo, como lo propuso la organización de Will Bowen en Estados Unidos.

Debo confesar que no he podido pasar de ¡tres horas seguidas! Ya traigo la muñeca lastimada de tanto cambiarme el reloj. Lo bueno es que, ahora, ¡por lo menos ya me doy cuenta!

Cuando nos decidimos a aprender algo nuevo, como patinar, pintar, meditar, montar a caballo o lo que sea, al ver a los expertos solemos pensar: "Está fácil...", y nos lanzamos. Si supiéramos a lo que nos enfrentamos, creo que no empezaríamos nada. Así que... "Bendita ignorancia".

De acuerdo a los estudios, quienes nos hemos propuesto cumplir con este reto de 21 días -o 504 horas-, sin quejas, críticas ni chismes, vamos a pasar por cuatro etapas, que son las mismas que atravesamos para dominar cualquier aprendizaje:
 
1) Incompetencia inconsciente. En ésta, no nos damos cuenta de cuánto nos quejamos. Aquí comenzamos todos. Lo único que necesitamos es querer hacerlo. Lo chistoso es que nadie se considera una persona negativa. El quejarnos puede compararse con el mal aliento. Lo notamos sólo cuando alguien más lo tiene, no cuando ocurre en nosotros.

Cabe aclarar que si un mesero me trae la sopa fría y con amabilidad se lo hago notar, no es queja; es externar una realidad que quiero cambiar. Pero si digo: "¡Oiga, es el colmo que en un lugar como éste, sirvan la sopa fría!"; Eso ya es queja destructiva.

 
2) Incompetencia consciente. ¿Te acuerdas del hormigueo en un brazo o en una pierna cuando despiertas de una siesta en la que te dormiste en mala postura? Es incómodo y hasta doloroso, ¿no? Igual te sientes cuando te percatas de lo negativo o negativa que puedes ser. Sólo hay que mantenernos en la raya. Según la experiencia de quienes lo han logrado, en esta etapa muchas personas se dan por vencidas y olvidan el reto. En palabras de Churchill: "El éxito se logra al ir de caída en caída sin perder el entusiasmo".

 
3) Competencia consciente. En esta etapa empiezas a ser muy consciente de todo lo que dices. Ya empiezas a hablar en términos más positivos; ya te percatas de las palabras que vas a pronunciar aun antes de abrir la boca. Quejarse es un hábito, así que tomarse un momento y respirar hondo nos da la oportunidad de escoger las palabras con más cuidado. Empezamos a poner en práctica aquello de "Si no puedes decir nada bueno, mejor cállate".

 
4) Competencia inconsciente. Nos dicen que en este punto encontraremos que la fábrica en nuestra mente ya no produce la cantidad de pensamientos negativos que solía. Al no exteriorizarlos, el pozo se seca. Al cambiar las palabras, le hemos dado nueva forma a nuestra manera de pensar. Ahora ya no nos damos cuenta de ello, ya somos personas diferentes. Más contentas. Y, por consiguiente, también los que nos rodean.

Vale la pena intentarlo y no claudicar, aunque nos entierren cambiándonos el reloj de muñeca. ¿No crees? Algún día lo lograremos...

  Autora-
Gaby Vargas

 
genioyfigura@gabyvargas.com

04/02/2008 18:15. Autor: resetyourmind. Enlazate. Tema: Periodiko.

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