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Normalmente a manera de broma he escuchado en más de una ocasión: "las computadoras son cosa del demonio". Claro que el mismo comentario ha sido utilizado para el teléfono, la televisión, el microondas y cualquier otro artilugio tecnológico que la gente cuando los conoce no termina de comprender. Cabe hacer la aclaración de que junto con la nueva tecnología también pueden surgir vivales que quieran aprovecharse de la situación autopresentándose como expertos.
Ya que no podemos ser especialistas en todo, es necesario que acudamos a un experto cuando surgen problemas, ya sea porque se descompuso el auto, se presenta alguna enfermedad o algo le pasa a nuestra computadora. Hoy en día y gracias al uso de alta tecnología en las distintas áreas, resulta que es posible encontrar los siguientes escenarios: 1. El experto en la materia se hace más bueno y eficiente en su campo de acción. 2. El no tan experto puede alcanzar al primero gracias a la ayuda de la tecnología. 3. Alguien que no es experto, que intenta parecerlo para poder hacer un negocio con nosotros, incluso a pesar de la posibilidad de provocar un problema mayor. 4. Alguien que tal vez sea un experto puede aprovechar su posición para engañarnos con el fin de también hacer un negocio.
¿Cómo saber cuál es cuál? De entrada, lo primero que podemos hacer es pedir referencias y, lo segundo, después de platicar con ellos, decidir si les otorgamos nuestra confianza o no.
Sin embargo, no es lo mismo la televisión que la medicina, ya que aquí no se trata de sólo llevar un aparato para después recogerlo, sino de personas y tratamientos. Tal vez muchos de nosotros recordemos al doctor de Viaje a las Estrellas quien, para revisar a un enfermo, le pasaba un escáner por un lado y momentos después el aparato daba el diagnóstico final (lo hacía parecer un verdadero experto), pero como la tecnología todavía no llega ahí, en verdad necesitamos de los doctores que interpreten lo que están diciendo los aparatos, haciendo que la relación con los médicos y su tecnología se base en la confianza, ¿qué tanto les creemos?
Las interpretaciones no siempre suelen ser claras y son susceptibles a errores, sobre todo cuando las pantallas parecen sonares de la Segunda Guerra Mundial; pero cuando vemos un aparato nuevo y con imágenes nítidas, lo más común es no sólo pensar que el doctor sabe cómo utilizarlo, sino que nos dirá la verdad. Aquí me vienen a la cabeza dos casos: el primero fue de un doctor que conocimos que en un principio nos parecía muy bueno y siempre a la vanguardia, y que gracias a sus aparatos resultó que detectaba y eliminaba una determinada enfermedad no muy conocida por nosotros, cosa que nos ocurrió. Le tuvimos la suficiente confianza como para quizá malamente no pedir una segunda opinión.
Al poco tiempo, en diferentes reuniones llegamos a escuchar no sólo comentarios negativos de dicho galeno, sino que por azares del destino conocimos al vendedor de dichas máquinas, quien sin mencionar nombres platicó que algunos doctores inventaban falsos diagnósticos con tal de pagar la suma millonaria del aparato en cuestión. Sobra decir que le perdimos por completo la confianza, pues pasado el tiempo ya nos era imposible saber si su diagnóstico había sido cierto o no.
Caso contrario ocurrió con el cardiólogo pediatra que ve a mi hija (www.albertogarciayotero.com.mx). A ella al nacer le diagnosticaron un soplo en el corazón y después de haber pasado por una revisión en una máquina bastante moderna, el cardiólogo nos recomendó hacerle una intervención (un cateterismo). Por experiencias quisimos escuchar otras opiniones y al haber un diagnóstico similar decidimos depositar nuestra confianza en él.
Un par de semanas después de la intervención y reconociendo que hasta la fecha no termino de entender al 100 por ciento las imágenes de las ecocardiografías, tengo que admitir que el doctor tiene toda mi confianza, pues los resultados que vimos después de la intervención fueron punto menos que impresionantes. Eso sin tomar en cuenta el procedimiento en sí, el cual gracias a la tecnología el único rastro que dejó por unos días fue algo parecido al de un piquete de un mosco y su recuperación fue en lugar de días, de horas.
Tal vez no podamos entender cómo funcionan todos los aparatos modernos, pero lo que sí puedo decir es: bendita tecnología cuando es utilizada de manera adecuada por las personas en beneficio de las personas; pero para que esto se dé, lo primero que necesitamos es tener confianza en la tecnología y en los expertos, ya sean técnicos, ingenieros o médicos.
Ennio Fano