Detrás de la hoja en blanco
hay un campo de algodón en flor.
EL que tapizca la bellota recibe baños de DDT del cielo,
el que escribe se da sus baños de pureza;
aquél es nombrado jornalero,
éste se autodenomina poeta;
uno vive en la nube,
el otro implora un poquito de su sombra;
uno cree en la diosa-musa,
el otro ni en sí mismo
(el pleonasmo se llama licencia poética si lo dice el creyente,
barbaridad si lo dice el otro);
uno está lleno de palabras, es sabio;
el otro duerme con la panza vacía, ignorante;
aquél tiene verdades y las dice,
éste las busca calladamente;
uno es imprescindible para los informes presidenciales,
el otro para los desfiles conmemorativos;
uno espera ansiosamente que se acabe la vida,
el otro no quiere que pase el tiempo, su beca de por vida no abarca
/la inmortalidad;
el autodenominado escribe con propiedad cotton fields,
el nombrado firma con una cruz;
uno va de compras al Supermarket Mall,
el otro a la Tienda de Raya;
uno sueña elefantes voladores de color magenta,
el otro con otro de moño negro;
uno sueña que sueña,
el otro sueña con el que sueña que sueña
Ambos hacen surcos:
uno con tinta,
otro con machete;
los dos usan garabatos:
uno compulsivamente para atrapar la idea,
el otro para atrapar más monte;
el tapizcador delinea con su oficio su hoja en blanco,
el escritor lo hace a renglón seguido.
Sendas manos son las creadoras:
una se aprieta para coger el lápiz,
la otra se abre y atrapa el mundo
Allá arriba alguien fantasea:
ve dos hojas en blanco y se asoma para ver el espectáculo;
ríe.