--------------- Lasciati ognis speranza!
Han pasado algunos días y se me ha rebelado todo lo horrible de mi situación.
He visto brillar con un fulgor siniestro el cuchillo que a de segar mi garganta
y he contemplado con terror la cazuela destinada a recibir mi sangre.
Ya oigo los tambores de los chiquillos que redoblan anunciando mi muerte.
Mis plumas, estas hermosas plumas con que tantas veces he hecho el abanico,
van a ser arrancadas, una a una, y esparcidas al viento como las cenizas de los más mounstrosos criminales.
Voy a tener por tumba un estómago, y por epitafio la décima en que pide los aguinaldos un sereno.
Se tu non piangi di che pianger suoli?
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Cuando terminè la lectura de este extraño diario, todos estábamos enternecidos.
La presencia de la víctima hacía más conmovedora la relación de sus desgracias.
Pero. . . ¡oh fuerza de la necesidad y la costumbre!, transcurrido el primer momento de estupor y de silencio profundo,
nos enjugamos con el pico de la servilleta la lagrima que temblaba suspendida en nuestros párpados y nos comimos el cadáver.